
Circulo por el periférico de la ciudad de Guadalajara, supuesta vía rápida de seis carriles que suponía rodeaba la ciudad. El tráfico abunda aunque es fluido, varias patrullas de tránsito aparecen en mi campo visual. Delante de mi va una camioneta que ha visto tiempos mejores, la marca ha sido borrada por el paso del tiempo y su color puede no ser el original, puede ser uno de tantos que le han cubierto. A pesar de su vejez la camioneta alcanza los cien kilómetros por hora aunque la velocidad máxima en ese tramo es ochenta, su cabina lleva 4 pasajeros aunque esté diseñada sólo para dos, y lo que es peor, su caja trasera porta seis personas, dos de ellas menores de edad.
El tránsito los ve y continúa su trayecto, parece no importarle que las llantas de la camioneta pueden tener una edad similar a la del vehículo, ni que a esa velocidad el más pequeño titubeo podría causar una desgracia.
De pronto, en el campo visual aparece otra camioneta, la gran diferencia es que ésta es tan sólo un bebé, ha salido al mercado este año, su lámina refleja los rayos matutinos, es impecable, imponente, es hermosa en todo su diseño. En la cabina viajan tres personas, en la caja un adulto. El tránsito enciende su sirena, acelera y se coloca detrás de ella, por el alta voz le ordena con su mascado léxico que se estacione en el acotamiento.
Dos pecadores, pero sólo un castigo.
La ley en México es para todos, nos enseñaron en la escuela, no hay diferencias entre los ciudadanos, me repetía mi profesor de civismo en la secundaria. Pero ahí, en pleno periférico un representante de la ley tomó la decisión de escoger a uno de los dos infractores muy probablemente con la esperanza de que el elegido aportará una ayuda para el desayuno del policía.
Seguimos con esa loza paternalista sobre nuestra histórica espalda, perdonando algunos infractores porque "pobres, si no luego cómo se trasladan, viven o trabajan" olvidando que leyes cómo las de vialidad están para proteger a las personas, evitar que dos niños mueran debido a una inesperada ponchadura o que queden incapacitados por el resto de sus días.
Perdonamos al tianguero que bloquea las calles cada jueves sesgando la libertad del vecino a poder sacar su auto de la cochera, porque ¿De qué va a vivir el pobre hombre si no pone su puesto frente a tu casa? Perdonamos al ejército de mujeres que se sientan a supervisar el trabajo de sus hijos que piden dinero en cada esquina mientras ellas disfrutan del fresco de la sombra de un árbol y comen su almuerzo, la perdonamos porque si no pone a sus tres hijos a mendigar a riesgo de ser arrollados ¿De que va a vivir?
Hace tiempo leí en la nota roja de un diario local la siguiente noticia; Niño de 3 años es arraollado por camión en el periférico, se ha detenido al conductor. Es una noticia muy dolorosa que me afectó bastante, pero luego caí en cuenta de varias anomalías; 1. El periférico es una vialidad para camiones de carga y su velocidad promedio es de 80 Km por hora. 2. ¿Un niño de 3 años que demonios hacía caminando solo en el periférico? ¿La madre fue detenida por negligencia?
En fin, una crítica más de esta chocante sección.
Sergio Quiñonez
www.sergioquinonez.com