Bueno, no podía dejar de meter mi cuchara con respecto a todo este dar y recibir de comentarios sobre el Código Da Vinci, la película y la novela, o mejor dicho al revés, por aquello de que fue primero, el huevo o la gallina.
No cabe duda que para volver exitosa una obra literaria o cinematográfica la Iglesia Católica se pinta sola. Solo basta con recordad el éxito de Jesucristo Superestrella, una obra musical que pocos recordarán porque fue popular en los 70´s pero que tuvo un éxito arrollador como obra teatral, y como película, así como soundtrack gracias a que el Vaticano la condenó como una aberración y prohibió a toda la comunidad católica el asistir a ver dichas obras.
¿Qué fue lo que pasó?
Obviamente, como diría aquel viejo anuncio del Brandy Presidente.

Muchos, pero muchos años después la Iglesia volvió a realizar una campaña publicitaria que rindió frutos para productores, director, actores y distribuidores de una película moderadamente buena titulada “The Last Temptation of Christ”, La Última Tentación de Cristo”. De nueva cuenta los jerarcas del Vaticano se desgarraron las vestiduras entre lamentos parturientos y lanzaron una amenaza a todo aquel que temiera la ira del creador: “Prohibido a la comunidad católica el asistir a ver esta abominación”. Francis Ford Coppola no pudo estar más agradecido, su película ya era un éxito asegurado desde antes de que la terminaran de filmar. El público atraído por el morbo hizo filas para ver que era aquello que tanto prohibía el vaticano, para luego salir con cara de “what” de las salas. ¿Por qué? Porque se esperaba quizá una película erótica con tintes sadomasoquistas y resultó ser una historia dramática un tanto lenta. ¿Cuál fue la última tentación de Jesucristo según los escritores de la película? Pues no fue el ver lo melones de María Magdalena, ni usar su poder para seducir a sus seguidoras tal y como el Vaticano creemos que llegó a pensar. Su última tentación fue el deseo de ser un hombre normal y quitar de sus hombros el peso de ser el hijo de Dios, su última tentación fue el desear casarse, tener hijos y vivir una vida normal. ¿A verdad? Pero bueno, quizá el Vaticano pensó que el “humanizar” la figura de Jesucristo decepcionaría a la comunidad católica.

Luego, la Iglesia Mexicana puso su granito de arena en su carrera mercadotécnica con la cinta “El Crimen del Padre Amaro.” Un filme que inclusive resultó un poco tonto, con actuaciones que dejaron mucho que desear, pero que desde el púlpito los rabiosos sacerdotes no se cansaron de prohibir entre amenazas de condenación eterna sólo porque en la pélícula se presentaban sacerdotes vinculados con el narco (¿?) con la guerrilla (¿?) con concubinas (¿?) y con dudas sobre el voto de castidad (¿?) y claro está que tales cosas no existen en la iglesia católica. (Ojo, esto último se supone que lo dije con tono sarcástico)
¿Qué pasó?
Una vez más: Obviamente.
Muchas películas que han tocado temas católicos delicados han salido al mercado y pasado sin pena ni gloria porque la Iglesia o no se dio cuenta, o no tiene dinero invertido en ellas. Podemos mencionar “El Cuerpo (2001) basada en la novela de Richard Sapir, donde un sacerdote Jesuita es enviado a investigar el descubrimiento de una tumba donde aparentemente se encuentra el cuerpo de Jesucristo, de descubrirse la verdad la tesis fundamental sobre la que está sustentada la Iglesia Católica se derrumbaría. ¿Qué pasó con esta prelicua? O el Vaticano no se dio cuenta de ella y no hizo su escándalo tan particular, o no le interesó el tema, el resultado fue que la película pasó sin pena ni gloria por la historia cinematográfica.
Y ahora la Iglesia Católica vuelve a sus andadas con El Código Da Vinci, desmintiendo con paneles y paneles de expertos que la historia de Dan Brown es falsa… ¡Claro que es Falsa! Se llama FICCIÓN, se llama NOVELA bola de ignorantes. Recuerdo cuando se lanzó la novela, en CNN aparecían Cardenales, Obispos y Sacerdotes con doctorados atacando la novela, y haciendo cada vez más rico a DAN BROWN. ¡Oh afortunado Dan que atrajiste la furia del Vaticano contra ti! ¡Nada mejor te pudo haber sucedido! El Código Da Vinci le debe su éxito a la Iglesia Católica. ¿Cuándo entenderán estos eruditos que lo prohibido es más atractivo?
Por lo pronto, ojala algún día el Vaticano condene una de mis novelas.
Nada mejor podría sucederme.
Con esto concluyo: La Iglesia Católica o es una inteligente inversionista que apuesta por este tipo de películas y libros y utiliza su brillante técnica de “Prohíbe y venderás” o de plano no tienen dos dedos de frente y no se dan cuenta que calladitos se ven más bonitos y hacen menos olas.
Sergio Quiñonez
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